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amenazan a Cuba
Un grupo de alto nivel creado por el presidente George W. Bush, llamado Comisión de Asistencia a una Cuba Libre, entregó al mandatario un informe en que recomienda el inicio de preparativos para una intervención estadunidense en una transición política en la isla en el evento de la muerte de Fidel Castro, informó hoy el diario británico The Independent.
La comisión, creada por Bush hace tres años y copresidida por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, ofrece una serie de recomendaciones cuyo propósito es promover una transición hacia "la democracia y la libertad política".
El gobierno de Estados Unidos tendrá que estar preparado "con mucha anticipación para ayudar en caso de que se solicite asistencia por el gobierno de transición en Cuba", afirma.
La "asistencia" que se ofrecerá para apoyar una transición política en caso de la muerte de Castro, según el informe, incluye desde mantener el sistema de salud y energía hasta la capacitación de jueces y policías cubanos.
El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, aseguró hoy ante periodistas que el informe hace recomendaciones de lo que puede hacer Estados Unidos "para avanzar la libertad y la democracia en la isla" y qué hacer en una era posterior a Castro.
"No estamos tratando de derrocar al gobierno de Fidel Castro en Cuba. Tratamos de llevar la democracia, cuando sea posible", sostuvo Snow.
Entre las recomendaciones se propone la creación de un fondo de 80 millones de dólares para la "promoción" de la "democracia" en Cuba. Además, se propone otro fondo de 20 millones de dólares anuales para "programas pro democracia".
Un anexo clasificado contiene una serie de medidas que el gobierno de Bush debería contemplar para minar todavía más al gobierno de Castro.
De su lado, el presidente del Parlamento de Cuba, Ricardo Alarcón, denunció que existe un plan secreto de Bush para una transición política en la isla, que podría ir desde una conspiración contra Fidel Castro hasta una agresión militar.
Afirmó que el Plan de Asistencia a una Cuba Libre, aprobado por Bush el 20 de mayo de 2004, recibió críticas, incluso de la disidencia en La Habana, por su "carácter ilegal y agresivo", y "delirante".
Según Afp, el plan de 450 páginas prevé, entre otras cosas, la devolución a sus antiguos dueños de viviendas y otras propiedades confiscadas en Cuba por el gobierno del presidente Castro, la privatización económica y la transición política coordinada por un funcionario estadunidense.
Por último, el vicecaniller Bruno Rodríguez denunció en La Habana que el plan presentado hoy a Bush para su aprobación prevé la internacionalización del problema cubano para justificar una agresión contra el país caribeño.
El descubridor de la teoría de la relatividad

¿POR QUÉ SOCIALISMO?
Albert Einstein
Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.
¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.
Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana --como es bien sabido-- ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.
Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó "la fase depredadora" del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.
En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y --si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.
Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: "¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?"
Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?
Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.
El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto "sociedad" significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la "sociedad" la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra "sociedad".
Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido -- exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.
El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.
Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos -- que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos -- en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.
Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.
La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción --es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.
En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.
El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un "ejército de parados". El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.
Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.
Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?
Una nueva etapa en Latinoamérica
Rebelión
No es el descubrimiento de un nuevo sistema político-social-económico con exclusividad para aquellos que viven la mágica y vigorosa etapa de la juventud; la que genera en nosotros un hálito de irreverencia producto de los sueños e imaginarios que nos llevan a la construcción, en este caso, de una nueva sociedad; es de cualquier forma, el incentivo al modelo socialista de los modos de producción y del control del colectivo popular en contraposición a las “mieles” del capitalismo de acumulación de capital.
Por estos días en Latinoamérica, en donde el avance de las fuerza progresistas encarnadas en partidos políticos y organizaciones sociales toma el control en algunos países, es de suma importancia la inclusión y participación del sector juvenil en el nuevo debate que se abre en torno al socialismo planteado como alternativa para la búsqueda del bienestar general de nuestros pueblos. La inclusión y participación de los jóvenes en esta avanzada política responde, no solo a la necesidad de la mera renovación de cuadros revolucionarios debido al cambio generacional impuesto por el inexorable tiempo, sino a la siembra de la conciencia política que facilite la comprensión de la realidad implícita que conlleva la lucha por un sistema político que garantice la igualdad de clases para todos y cada uno de los latinoamericanos; que inserte un nuevo estadio político-social en favor de aquellos que a través de los siglos han sido excluidos de la protección de nuestros estados nacionales; donde la humanización del pueblo sea una realidad y no forme parte de utópicos sueños; donde el derecho a la vida por medio de la educación, la salud, la alimentación, y la atención médica gratuita, sea condición sine cuanon en el bienestar social de los pueblos.
No obstante, para inducir al amplio sector juvenil latinoamericano a la participación activa en los destinos de sus estados, es esencial brindarle las herramientas de cognición ideológica que dé paso a la discusión y la conciencia política que contrarreste la alienación de los medios de comunicación al servicio del capitalismo y a sus diferentes actores políticos; sin embargo, hay experiencias interesantes en esta materia en nuestros países, como los casos de Bolivia, Venezuela, Argentina, Ecuador y Brasil. Aunado a la carga ideológica siempre presente en los avatares políticos, es al igual importante incentivar la participación juvenil en todas las instancias de la sociedad, a fin de crear el sentido de identificación con las causas populares y la respectiva lucha para su fin, tomando en cuenta que este sector es el más propenso a la apatía debido a la poca consideración a la que es sometida su intervención en la vida política.
Si el compás para la participación juvenil es abierto, y concatenado a ello se produce una mayor conciencia política de estos, en cuanto al por qué de la alternativa socialista en desmedro del capitalismo; el porqué de la verdadera democratización de las instancias públicas y de la educación en vez del secuestro a la participación; el porqué de la solidaridad con nuestros pueblos y a la ayuda a quienes la necesitan en oposición a la visión unilateral de quienes con guerreristas acciones pretenden regir los destinos del mundo; y el porqué de la constitución de una sociedad sin clases sociales con igualdad para todos en contraposición a la acumulación de capital y la división en diferentes clases sociales, entonces estaremos en situación privilegiada de asumir los mayores retos que nos impone el antagonismo entre dos sistemas totalmente opuestos filosófica y conceptualmente. En otras palabras la vía hacia el socialismo del siglo XXI.
Horizontes del socialismo
¿Qué entendemos por revolución, una suerte de reforma, un cambio total de paradigma?
Según el DRAE., revolución viene a ser:
(Del lat. revolutǐo, -ōnis). f. Acción y efecto de revolver o revolverse ׀׀ 2. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación.׀׀ 3. Inquietud, alboroto, sedición. ׀׀ 4. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa. ׀׀ 5. Astr. Movimiento de un astro a lo largo de una órbita completa. ׀׀6. Geom. Rotación de una figura alrededor de un eje, que configura un sólido o una superficie. ׀׀ 7. Mec. Giro o vuelta que da una pieza sobre su eje.
Partiendo de una definición propia de un diccionario, es probable que los espacios para discutirla, se achiquen en la misma medida en que nos apeguemos a dicha enunciación. En nuestro caso, tal vez las primeras cuatro acepciones son las que nos permiten esbozar elucubraciones que de algún modo proporcionen la posibilidad de comenzar una discusión fructífera, acaso una conversación interesante, claro, habrá que pescar palabras o frases clave como revolver, cambio violento, sedición, profundo, rápido e instituciones, por ejemplo.
Cada una de estas palabras o frases a mi entender, conducen en primera instancia, a preguntas cuyas respuestas deben discutirse en el seno de cada grupo familiar, de amigos, de compañeros de clase y de trabajo, en el metro y en las paradas de autobús. Nótese, que he dejado fuera a ciertos sectores, más adelante se verá el por qué.
Deberíamos preguntarnos cuánto de cambio, y cuanto de violencia inherente al cambio, cuánto de profundo, qué tan rápido y en cuáles instituciones, qué tan revuelto y qué tan sedicioso, es más; habría que aclarar que es sedición y quiénes serían los sediciosos, y agregaría algo como complemento: ¿tenemos una revolución socialista, un socialismo revolucionario o un tímido esbozo de socialismo como modelo político-económico-cultural? Y en este punto habría que ir más allá: ¿tenemos que hablar de socialismo?
Desde mi punto de vista, no sólo es necesario hablar de socialismo, es imprescindible y hasta obligatorio debatir acerca del socialismo, sobre todo porque ahora como nunca, se tiene la oportunidad de hacerlo clara y abiertamente. En un proceso como el que nos ocupa – o en un proceso como el que nos venden – hay que hablar y discutir, reitero, sobre el socialismo con la ventaja que nos da la extracción de la discusión de las reuniones de pequeños grupos de intelectuales que conocen de memoria incontables obras, artículos y autores (sin que esto signifique un ataque o desmérito hacia ellos) y, de los centros académicos elitescos por naturaleza, tras más de 40 años de exclusión del ciudadano común. En este momento está presente el pueblo, - no es un lugar común-, y no el pueblo como fetiche de los partidos, me refiero al pueblo como actor y, dependiendo de quién lo mire, el pueblo como protagonista. Esto, nos obliga a subir un escalón más en la discusión.
Se debe asumir de una vez por todas, si lo que se quiere (queremos) es una revolución moderada en la que se mantengan los privilegios – lo que no sería más que una seudo evolución, o quizás una involución dadas las circunstancias que nos ocupan – o una revolución verdadera que implique una ruptura con lo establecido. Todo pareciera indicar que se están dando pasos en la dirección de la segunda opción. Pasos cortos, debido a la limitación impuesta por diversos factores, económicos y de supervivencia hegemónica sobretodo, pero pasos al fin.
En ese mismo escenario de discusión deberíamos preguntarnos también que es colonialismo, si, ¿qué es colonialismo?, puesto que todo indica que para hablar de socialismo, se debe comenzar al menos, por entender que el colonialismo es la madre de cualquier manifestación del capitalismo y por ende de la instauración de la lógica de la dominación presente en prácticamente todos los escenarios, desde modelos productivos hasta interacciones culturales, desde procesos educativos hasta organizaciones e instituciones. De hecho este paradigma de la lógica de la dominación estuvo presente en las naciones en donde se instauró lo que se conoce como socialismo real, allí (quizás por incapacidad), se mantuvo el esquema de dominación y de imposición amparado en los procesos revolucionarios, con sus desastrosas consecuencias.
En cuanto al colonialismo, y para no dejar en el aire el planteamiento anterior, vale la pena recordar, que si bien en un principio, el mundo en general fue testigo de prácticas colonialistas “primitivas”, en la actualidad estás prácticas, se han refinado a tal punto, que en muchos casos los pueblos no son capaces de reconocer su condición de colonia. Naomi Klein en su artículo El auge del capitalismo del desastre, un gobierno fiel a la destrucción (publicado en QUESTION año 3, Nº 36 junio 2005), cita a Shalmali Guttal: “solíamos tener colonialismo vulgar, ahora tenemos colonialismo sofisticado, y ellos le llaman reconstrucción”. Si bien en ese artículo se describe el acto de dominación como consecuencia de los procesos de “reconstrucción” de los territorios arrasados debido desastres naturales o, más comúnmente, a la intervención armada directa o a través del financiamiento a grupos reaccionarios en diversos países (siempre en nombre de la democracia), resulta interesante ver, como estos procesos de “reconstrucción” no son más que procesos de reorganización tendientes a establecer “democracias” orientadas al libre mercado, a la privatización de instituciones del Estado y al estrangulamiento de la población como consecuencia del endeudamiento adquirido por los gobiernos de esos países o por la pérdida de las tierras otrora en su propiedad y ahora en manos de corporaciones encargadas de llevar a cabo la “reconstrucción”.
Pero hay más, este colonialismo sofisticado, o neocolonialismo como es llamado por muchos, ha permitido, como bien apunta Omar González, Director del Icaic, romper todos los récords existentes en materia de exclusión y desigualdad; “…la mitad de la población vive en la pobreza, más de 800 millones pasan hambre, alrededor de mil 50 millones son analfabetos y la tercera parte desconoce aún los beneficios de la electricidad”. Por si esto fuera poco, La Organización Mundial de la Salud estima que hay mil millones de personas en el mundo sin acceso al agua potable. Según el World Game Institute, www.worldgame.org, el costo promedio para procurar agua a cada persona es de US$ 50,00, lo que en total da unos 50.000 millones de dólares. El gobierno estadounidense aprobó en las postrimerías del 2004, un presupuesto de 560.000 millones de dólares en gastos militares y de defensa, adicionalmente, como lo indica Michael Moore, en su libro Estúpidos hombres blancos. HarperCollins Publishers, Inc., el gobierno de Estados Unidos, “entrega más de 100.000 millones de dólares cada año en asistencia a las multinacionales”. Note la evidente paradoja entre las necesidades de la población mundial, y la inteligente distribución y direccionamiento de los fondos.
Si bien anteriormente los colonizadores (particularmente en el caso latinoamericano) estaban representados por hombres blancos barbudos bajando de calaveras y acompañados de la espada y la cruz, actualmente la colonización tiene como máximo representante a las corporaciones quienes a su vez controlan al mundo con actitudes represivas mas aberrantes que la de los antiguos colonos. Y tienen como hacerlo, no en balde dominan el 98% de la posesión de la industria, la banca y los negocios mundiales (Estados Unidos con cerca del 50%, Japón el 10% y el resto para toda la Unión Europea) controlando también, más del 90% de la circulación de información del mundo, de modo que no sólo controlan lo que se informa, sino también a quién recibe la información. La situación es alarmante, no sólo por sus características, sino adicionalmente por la incapacidad, hasta ahora de revertirla. Sirva este ejemplo: Revise la página correspondiente a la cartelera cinematográfica publicada en el diario de su preferencia y conteste lo siguiente: (a) ¿Cuántas películas extranjeras están en exhibición?, (b) Sólo por citar algunas alternativas diga; ¿cuántas películas francesas, españolas, italianas, alemanas, japonesas, africanas, cubanas, mexicanas, colombianas, argentinas están siendo proyectadas en este momento?, (c) ¿Cuántas películas de Estados Unidos?
El capitalismo logró con suma eficiencia eliminar las redes sociales, promoviendo la individualidad como valor y a la familia como base de la sociedad (tal y como lo enseñan todavía en algunas escuelas), o mejor dicho, como factoría de mano de obra dispuesta a venderse en el mercado de trabajo y a la vez, generadora de consumidores de los mismos bienes que producía a cambio de un razonable precio fijado por la invisible mano del mercado. Por eso, la solidaridad a veces nos es tan ajena, por eso se ven mal, convenios comerciales con países de la región sin un aparente beneficio económico para la nación. Por eso, vemos con asombrosa naturalidad que se puedan crear patentes del genoma humano y de especies animales y vegetales que luego serán procesadas y empacadas en forma de medicamentos cuyo precio de mercado debemos pagar claro está.
Es obvio que este proceso colonizador a dado sus frutos y los seguirá dando en tanto que no se logren alcanzar niveles de conciencia que permitan no sólo identificar el o los problemas existentes en nuestra sociedad, sino más importante aún, saber contra qué y contra quiénes hay que batirse en este duelo de ideas. A estas alturas, la mayoría de los venezolanos tiene una noción bastante clara de quién es el enemigo de este proceso, ahora, hay que instrumentar los mecanismos para dar esa pelea, acaso la más importante de nuestra historia después de la gesta independentista de nuestros libertadores.
Es aquí donde retomamos uno de los aspectos iniciales de este artículo: la necesaria discusión sobre el socialismo. Desde hace mucho más de 100 años el socialismo ha dado para todo y para todos, desde el bárbaro de Stalin, hasta el socialismo del PSOE en España, o el modelo instalado en Corea del Norte, desde la experiencia cubana, la China socialista, hasta los diversos movimientos comunistas instaurados en varios países. Pero se debe tener cuidado de no caer en los extremos de la crítica a ultranzas, puesto que es necesario reconocer logros y méritos de los diversos procesos, más sin embargo, este espacio resulta reducido para ese menester, no así, para llamar la atención sobre diversos factores. A mi entender, ese mal llamado socialismo real, derivó en una distorsión por diversas causas: a.- Se estableció un control centralizado de todas las actividades relacionadas con la planificación, políticas de desarrollo y económicas que daban poca o ninguna oportunidad de participación a las comunidades en la toma de decisiones. b.- En la mayoría de los casos existió una exagerada limitación a las libertades individuales en franca contradicción con el manifiesto comunista, tal vez más por incapacidad del estado para promover prácticas democráticas que facilitaran la participación ciudadana, que por razones meramente políticas, aunque finalmente, estas limitaciones pasaron a ser totalmente arbitrarias. c.- La exhibición de los logros industriales y desarrollos tecnológicos y armamentísticos en contraposición con el daño ecológico generado en las regiones agregando además, la ineludible similitud con el exhibicionismo capitalista. d.- La imposición a la masa trabajadora de modelos de producción castrantes y limitadores de su crecimiento personal relacionados más con el establecimiento de un modelo industrial y tecnológico, que con una alternativa de desarrollo sustentable y que respetase el medio ambiente. e.- No se contaba con la plataforma tecnológica que permitiera implementar políticas de democratización de la distribución de la información, del acceso a métodos educativos novedosos y, sobre todo, que permitiese automatizar procesos que por naturaleza favorecían la burocracia y la corrupción.
Tomando en cuenta estos y otros aspectos fácilmente verificables no es complicado imaginar el por qué de la rápida transición del “socialismo” al capitalismo en la antigua Unión Soviética, en esencia se tenía un modelo militarista, industrialista y autoritario no capitalista. Pero no caigamos en la trampa de creer que en la URSS no había libertad de pensamiento ni de expresión, y que eso fue lo que precipitó la caída del sistema de gobierno, valga un ejemplo para esto: Noam Chomsky en su libro Piratas y Emperadores cita lo siguiente refiriéndose al manejo de la información en Estados Unidos: “…El filósofo John Dolan observa: «La gente no carecerá del valor para expresar pensamientos fuera del alcance permitido, sino que se verá privada de la capacidad de pensar tales cosas». Esa es la cuestión esencial, la fuerza impulsora de los «ingenieros del consenso democrático»”, o bien, “...si el público escapa a su marginación y pasividad, nos encontramos ante una crisis de la democracia que debe ser derrotada.”, tomado de otro texto Hegemonía o supervivencia del mismo autor. En los países “libres”, el control del pensamiento y de la libertad de expresión se lleva a cabo de maneras más perversas. La vida submarina existe a pesar de que sólo veamos la superficie del océano, ¿no le parece?
Por eso no comparto la definición de socialismo real, porque, ¿cuál socialismo ha sido real hasta ahora? (Cuba aparte, pues requeriría otro artículo). Considero a un socialismo real, en la misma medida que se trate de un modelo que propugne la participación de la población en los diferentes procesos de construcción de una sociedad de iguales en “la que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos” como lo apuntaban Marx y Engels en el manifiesto comunista, en donde el logro de la libertad plena, no pase por la eliminación de otras libertades acaso más sutiles, en donde se recupere el valor de las redes sociales, de lo comunitario.
Rigoberto Lanz apunta:
¿Qué queda entonces de este socialismo para el mundo de hoy? Mi tesis es que no queda casi nada. Lo cual debe ser leído como una buena noticia puesto que nos pone en el estupendo camino de tener que inventarlo todo. Desde luego no desde cero pero sí desde el cuestionamiento más severo de cuanto se dijo y se hizo en nombre de la revolución.
Yo sólo cambiaría la palabra inventarlo por reinventarlo, desarmarlo y armarlo desde otra óptica que lo ponga a la altura de las complicaciones y ventajas que ofrece el mundo actual. Las herramientas tecnológicas de las que se dispone en la actualidad facilitarán enormemente la tarea de democratizar lo social, de eliminar la burocracia con la automatización de los procesos, de bajar los costes de producción no con el fin último de percibir mayor ganancia, sino con la meta primordial de llegar cada vez más y en mejores condiciones a la mayor cantidad de personas. La existencia de Internet, puede y debe ser utilizada como una herramienta difusora de los intereses colectivos y nacionales. Se trata además, de promover a través de los entes públicos mayores mecanismos de participación ciudadana.
Hay que lograr disipar el temor que existe ante palabras como comunismo, socialismo, manifiesto comunista, revolución socialista, etc., y no existe mejor manera de hacerlo, que permitir que la población en general tenga acceso a la verdadera información, a la documentación pertinente.
Es necesario impulsar la creación de agrupaciones y redes de discusión ciudadanas en cada comunidad, en cada barrio, en las universidades, en las empresas (estatales y privadas), en las organizaciones sindicales y, como complemento, articular redes que permitan compartir información, organizar foros, etc. Pero sobre todo, debe tenerse especial cuidado con el lenguaje y las maneras de transmitir el mensaje, so pena de contar con excelentes disertaciones y exposiciones cuyo contenido da con las paredes por el simple hecho de que el receptor del mensaje, no es capaz de digerir palabras enrevesadas o frases rebuscadas, inmersas en el discurso político. Con el tiempo esto cambiará, pero antes es necesario hacer énfasis en la reestructuración de los paradigmas educativos, en el entendido de que un pueblo informado y culto, tendrá mayores posibilidades de ser libre y por ende protagonista en los procesos de cambio de su entorno inmediato. Del mismo modo, debe continuarse la lucha para alcanzar la verdadera democratización de la tecnología y el conocimiento. Los avances tecnológicos, en la medicina por ejemplo, deben ser considerados avances sociales a la disposición de todos y no de quién es capaz de pagar por ellos, esa es una verdadera manifestación del socialismo.
Se de personas que temen al socialismo por una supuesta eliminación de la propiedad privada, propiedad esta por demás, que sólo pertenece a un minúsculo grupo de la población, mientras la inmensa mayoría está en realidad, privada de la propiedad. (Debemos recordar que estuvimos a punto de ser aún más despojados de la propiedad con las en su momento, inminentes privatizaciones de las empresas petroleras y las del sector eléctrico).
Otro aspecto de interés preponderante, es el de la participación de la mujer. Históricamente – en el mejor de los casos – ha sido relegada al rol de la gran mujer detrás del gran hombre. Su mano de obra, ha sido desde tiempos inmemoriales, más barata y menos calificada. La minusvalía impuesta a las tareas llevadas a cabo por la mujer y los privilegios que el hombre conserva sobre ella se ha mantenido, – incluso con el apoyo no necesariamente inconsciente de esta última – a lo largo de los años, como una consecuencia de un modelo educativo-cultural, que enfrentado a la más elemental de las lógicas, prefiere relegar a no menos del 50% de la población subutilizándola desde todo punto de vista. Si bien el gobierno ha mostrado voluntad para revertir esta situación, el papel de la mujer debe seguir siendo impulsado y reconocido en los quehaceres de la nación y ella, sabedora de su rol, está en la obligación ineludible de enarbolar la bandera de su participación protagónica.
Los venezolanos debemos estar concientes de la importancia de nuestra participación en el proceso de cambios como garantía de desmontar de una vez por todas y para siempre, la nefasta Democracia Representativa. Cada uno de nosotros desde su parcela de acción debe estar dispuesto a discutir y fomentar la discusión en, por y sobre el socialismo, está obligado a informarse, a investigar y sobre todo a divulgar lo que sabe, en fin, se debe asumir el compromiso verdaderamente revolucionario, con la certeza de que el proceso en marcha es pacífico, mas no indefenso.
Tenemos que hacer énfasis en el hecho de que la mejor democracia posible, es en efecto, socialista. Jean Jacques Rousseau afirmaba por allá en 1762, que era imposible la existencia de la democracia cuando un ser humano era lo suficientemente pobre como para venderse o lo suficientemente rico, como para comprar a otro hombre. Asombra como a más de 200 años esta afirmación retumbe con tanta fuerza en nuestros oídos.
Puede constituir una tarea titánica desmontar años y años de condicionamiento cultural orientado a la lógica de la dominación, y el no desarmar convenientemente ese aparataje podría conducir a un nuevo fracaso no ya del socialismo y la manera de enfocarlo sino peor aún, a un fracaso de la especie humana que demostraría su incapacidad para preservar la vida en el planeta
Pero sobre todo existe otro reto, se trata de asumir el rol de sujeto histórico en tanto que pueblo. Se trata de evitar eufemismos y forzar desde abajo, los cambios que se esperan sean acometidos desde arriba.
En conclusión, la revolución apenas comienza y si, esta debe y tiene que ser socialista.Parafraseando a Noam Chomsky; la opinión pública “no debería escatimar esfuerzos en comprender estos asuntos, si es que espera liberarse de las riendas que la sujetan y tomar en serio los ideales de justicia y libertad que con tanta facilidad brotan a flor de labios pero que tan difíciles son de proteger y fomentar”
Conceptos para la discusión

Indice
Burguesía | Capital | Clases sociales | Conciencia de Clases | Derecho | Dialéctica | Dictadura del proletariado | Estado | Fuerza de trabajo | Fuerzas productivas | Lucha de clases | Marxismo | Materialismo Histórico | Medios de producción | Mercancía | Modo de producción | Plusvalía | Producción | Proletariado | Relaciones de producción | Revolución | Salario | Socialismo | Superestructura | Valor | Valor de Cambio | Valor de Uso |
Contenido
1-Burguesía
Se agrupa bajo este nombre a la clase de los capitalistas modernos, propietarios de los medios de producción social y que emplean trabajo asalariado.
- La clase burguesa tiene su origen en la sociedad feudal; ella encabezó la revolución anti-feudal y enarboló las banderas de la doctrina liberal.
2-Capital
Valor que se valoriza.
La forma inicial del capital es una masa de dinero cuya utilización en el proceso productivo capitalista permite a su dueño obtener una cantidad mayor que la inicial.
El dinero sirve para comprar maquinarias y materias primas por una parte, y fuerza de trabajo por la otra, vale decir capital constante y capital variable.
Una vez que posee capital constante y variable, el capitalista puede organizar la producción de un determinado bien; el valor de una unidad de ese bien debe ser mayor que la suma de las partes de capital constante y variable que se han usado en su producción.
De esta forma, cuando todo el capital constante y variable adquirido haya sido gastado, o sea cuando las máquinas estén tan desgastadas que no pueden seguir siendo utilizadas, cuando hayan sido consumidas las materias primas y cuando haya vencido el contrato de los trabajadores, el dinero obtenido por la venta de lo producido ha de ser mayor que el invertido originalmente.
En este sentido sostiene el marxismo que el capital es un valor que se valoriza.
3-Clases sociales
Grupos sociales antagónicos.
Uno se apropia del trabajo del otro a causa del lugar diferente que ocupan en la estructura económica de un modo de producción determinado.
Este lugar está determinado fundamentalmente (no exclusivamente) por la forma específica en que se relaciona con los medios de producción.
Esta relación puede ser de dos tipos: relación de propiedad y relación de no-propiedad.
Los grupos sociales antagónicos han existido siempre, afirma Marx: en la sociedad esclavista (amos y esclavos), en la sociedad feudal (señores y siervos), y en la sociedad capitalista (burguesía y proletariado).
4-Conciencia de Clases
Comprensión de la comunidad de intereses que existe entre los miembros de una clase determinada, así como -siempre dentro del esquema marxista- del antagonismo de esos intereses con los de la clase adversa. Ejemplo: En el Feudalismo los miembros de la naciente burguesía toman conciencia de clase cuando comprenden que los intereses económicos e ideológicos que los unen se oponen con los de los señores feudales.
En ese momento inician la lucha política, su lucha de clases.
De igual forma, continúa el análisis marxista, en la sociedad capitalista los miembros del proletariado toman conciencia de clases cuando comprenden que la condición de explotados que los identifica está en relación directa con la existencia de propiedad privada de los medios de producción , es decir con la existencia de la burguesía.
5-Derecho
La concepción marxista del derecho ubica a éste en la super-estructura de la sociedad.
Así, entonces, para los marxistas el derecho constituye el conjunto de aquellas condiciones exteriores de producción que en una sociedad escindida en clases se expresan como normas consuetudinarias o escritas (normas jurídicas) y cuya mantención está garantizada por la fuerza controlada por el Estado.
6-Dialéctica
En su concepción de la dialéctica Marx recibió el legado de Federico Hegel, quien a su vez se inspiró en el griego Heráclito (VI a.C.).
El recuerdo de Hegel palpitaba en la Universidad de Berlín cuando el joven Marx llegó a ese claustro a estudiar historia y derecho.
Elevado en vida al rango de filósofo social de Alemania, Hegel había dado a sus discípulos una fórmula que llamó "dialéctica", que permitía comprender tanto los aspectos positivos como negativos de la historia, la ética, el derecho, la política y la biología.
Sostenía que en el dramático conflicto de ideas, instituciones y sociedades, existe un gran principio armonizador(síntesis), que resulta de la acción (tesis) y negación (antítesis) de las cosas.
Vivimos un proceso en el cual todo crece, cambia y vuelve a desarrollarse. Dicho en otra forma, en este proceso cada movimiento produce, por una reacción automática, su movimiento opuesto; y del conflicto resultante entre los opuestos (tesis y antítesis) nace la síntesis final.
El Universo es un todo sistemático de cualidades positivas y negativas relacionadas entre sí.
Toda cosa real implica la coexistencia de elementos contrarios.
Para explicar el impacto de esta teoría dialéctica en Marx, el autor Ernest R. Trattner señala que de inmediato el joven teórico empezó a analizar la historia como una marcha trabajosa a través de la oposición, o sea un movimiento triple (tesis, antítesis y síntesis), que constituye la ley de todo desarrollo.
La historia no contiene una masa casual de acontecimientos, sino una unidad surgida entre las diversidades opuestas.
Las cosas no son estáticas, sino transitorias.
Están en movimiento.
La diferencia fundamental entre Hegel y Marx radica en lo que cada cual sostiene que produce ese movimiento en el proceso histórico.
Hegel lo atribuye a lo Absoluto, vale decir Dios, o la Inteligencia Suprema, o el Espíritu Cósmico, o como quiera llamarse a cualquier fuerza extra-terrestre.
Marx afirma, por el contrario, que son las causas económicas las que influyen en los movimientos de la historia.
No dijo, como muchos creen erróneamente, que tales causas constituyen el factor único, porque el hombre también influye.
Por eso difirió de Feuerbach, que postulaba un materialismo absoluto y que para negar el papel de la inteligencia aducía que "el hombre es lo que come".
Hegel está calificado como "idealista", y Marx como "materialista".
En su libro "Anti-Dühring", Engels califica la dialéctica como la ciencia que estudia las leyes universales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento.
Es el método marxista de análisis y comprensión.
7-Dictadura del proletariado
Se llama en esta forma al tipo de Estado correspondiente al período de transición del capitalismo al socialismo.
Se trata de una dictadura, vale decir, de un poder que no se apoye en leyes ni elecciones, sino directamente en la fuerza del proletariado armado.
Su objetivo, para los teóricos marxistas, consiste en reprimir a las clases o grupos sociales que se oponen a la realización del socialismo.
La construcción del socialismo no puede alcanzarse de golpe.
Exige un largo período de transición, por varios motivos.
Reorganizar la producción representa una tarea difícil, se necesita tiempo para introducir cambios substanciales en todos los dominios de la vida y sólo con una lucha tenaz y prolongada puede superarse la fuerza de la costumbre de un modo burgués o pequeño burgués para dirigir la economía.
En la dictadura del proletariado -señalan los marxistas- todavía existen clases sociales.
La lucha de clases, por tanto, no ha desaparecido, sino que reviste otras formas.
El proletariado ha llegado a ser la clase dominante, pero su debilidad persiste todavía- Esta debilidad se sitúa a nivel de la infra-estructura económica y a nivel de la superestructura ideológica.
La primera de ellas radica -según los marxistas-en la no correspondencia que se da entre las nuevas relaciones socialistas de producción establecidas en los sectores más importantes de la economía y las relaciones técnicas de producción que están algo atrasadas.
La propiedad social de los medios de producción no va acompañada por una apropiación real de estos medios en forma colectiva; siguen dirigiendo la producción algunos técnicos y administradores formados en el régimen anterior.
8-Estado
Una de las nociones fundamentales en la doctrina marxista.
Tiene mucha importancia en lo referente a la acción política de los partidos marxistas-leninistas: gran parte de las discusiones y polémicas en sus filas nace de apreciaciones diferentes acerca de esta noción.
"El Estado, dice Engels, es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es importante conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad, llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del "orden".
Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella se divorcia de ella más y más, en el Estado".
El Estado, para los marxistas, aparece como un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase.
Señalan que por regla general pertenece a la clase más poderosa, la clase económicamente dominante.
Por excepción, en algunos períodos las clases en lucha están tan equilibradas que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra.
Tal aconteció, según el análisis marxista, con la Monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del primero y segundo Imperios en Francia y con Bismarck en Alemania.
También en la Rusia republicana, en el gobierno de Kerenski.
Para los marxistas el Estado no ha existido siempre.
9-Fuerza de trabajo
Conjunto de condiciones físicas y espirituales que se dan en la personalidad viviente de un hombre y que ésta pone en acción al producir bienes de cualquier clase.
En la sociedad capitalista, señala la teoría marxista, la fuerza de trabajo se transforma en mercancía.
Esto se debe a que al no tener acceso a la propiedad de los medios de producción, el hombre, para subsistir, se ve obligado a vender su capacidad o fuerza de trabajo como mercancía.
La fuerza de trabajo es una particular mercancía cuyo valor de uso es el trabajo y cuyo valor de cambio es el salario.
Para Marx, los economistas anteriores a la formulación de sus ideas confundían los conceptos de trabajo y fuerza de trabajo.
Mientras que la fuerza de trabajo no pasa de ser una capacidad, el trabajo es la materialización de esa capacidad en un producto determinado.
No podemos, por tanto, hablar de trabajo independientemente de un producto: no podemos decir tampoco que el obrero venda su trabajo, ya que ello significaría la venta de un producto elaborado.
Fuerza de trabajo es un concepto importante dentro de la teoría del valor marxista.
Ella constituye la única fuente generadora de nuevo valor; incorpora al producto en el cual se plasma, un valor mayor que aquel en que fue adquirida (salario).
La Fuerza de trabajo del proletario se conoce vulgarmente como mano de obra, mientras que a su trabajo se le llama obra de mano.
10-Fuerzas productivas
El hombre, las formas y medios que éste utiliza para actuar sobre la naturaleza ( y también sobre objetos con cierto grado de elaboración) en el proceso de producción.
En otras palabras las materias que brinda la naturaleza, las maquinarias e instrumentos de la producción, sus métodos y técnicas, los hombres y su experiencia, son fuerzas productivas.
Resulta fundamental destacar el carácter eminentemente dinámico de las fuerzas productivas.
Están siempre desarrollándose; se extraen más y mejores materias de la naturaleza, se crean nuevas técnicas, se inventan mejores maquinarias, aumenta la población, etc.
Es en este sentido que se habla de "nivel de desarrollo de las fuerzas productivas" (Materialismo Histórico).
11-Lucha de clases
Enfrentamiento que se produce entre dos clases sociales antagónicas cuando luchan por sus intereses estratégicos de largo plazo.
Por ejemplo, el interés estratégico a largo plazo de una clase dominante consiste en perpetuar su dominio, el de una clase dominada en destruir el sistema de dominación y el enfrentamiento que se produce entre ambas clases constituye la lucha de clases proclamada por el marxismo.
Marx y Engels afirman en el Manifiesto Comunista: "La Historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases".
Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, o sea, en términos marxistas, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada algunas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.
Los marxistas señalan que las huelgas, manifestaciones callejeras, las tomas de fábricas, terrenos y fundos, etc., sólo pueden ser consideradas insertas en el contexto de la lucha de clases que sostiene el proletariado con la burguesía, en la medida en que el proletariado visualice como su objetivo final la destrucción de la burguesía como clase.
12-Marxismo
Básicamente, una concepción del mundo: una visión global de la naturaleza y del hombre.
La concepción marxista se opone a las concepciones cristiana e individualista.
La cristiana afirma la existencia de una jerarquía de seres, actos, valores, formas y personas en cuya cima se halla el Ser Supremo.
La individualista acepta al individuo (y no ya la jerarquía) como la realidad esencial; el individuo poseería la razón en sí mismo, en su propia interioridad.
La concepción marxista, por su parte, se niega a establecer una jerarquía exterior a los individuos, pero no acepta como marco final la conciencia del individuo y el examen de esa conciencia aislada.
Advierte realidades que escapan a tal examen: son éstas, realidades naturales (la naturaleza, el mundo exterior), prácticas (el trabajo, la acción), sociales e históricas (la estructura económica de la sociedad, las clases sociales).
La filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés forma, al decir de Lenin, "las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo".
La filosofía del marxismo es el materialismo.
La economía política clásica anterior a Marx se había formado en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado.
Adam Smith y David Ricardo sentaron con sus investigaciones del régimen económico las bases de la teoría del trabajo, base de todo valor.
Marx prosiguió su obra proclamando que el valor de toda mercancía lo determina la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción.
13-Materialismo Histórico
Estudio de las leyes generales que explican el desarrollo de las sociedades.
Se trata de establecer cuáles son los mecanismos que permiten el nacimiento, devenir y muerte de una sociedad.
Dicho de otro modo, explicar por qué se produce, por ejemplo, el paso de la sociedad Comunista primitiva a la sociedad esclavista, de la esclavista a la feudal, de la feudal a la capitalista, de la capitalista a la socialista.
El marxismo postula que sólo el conocimiento de las leyes del movimiento de las sociedades puede llevar a una previsión científica del porvenir histórico en sus grandes líneas, ejercer una influencia oportuna sobre él, y aun dirigirlo, dentro de ciertas condiciones.
Esta concepción marxista y materialista de la historia parte de un análisis del proceso de producción, y de la manera en que éste se organiza para interpretar la forma que asumen las instituciones jurídicas y políticas, así como las formas de conciencia, de religión, de ética, etc., que a ellas corresponden...
El Materialismo Histórico, especificaron los comentaristas, no niega la existencia y el papel del pensamiento y de la conciencia, no niega que los hombres tengan determinadas ideas y actúen de acuerdo a determinadas concepciones, sino que explica tales concepciones de acuerdo a la estructura material de la sociedad.
La ley fundamental del Materialismo Histórico puede resumirse así: de acuerdo a las condiciones materiales que lo rodean, es decir, de acuerdo, en último término, al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas el hombre organiza la producción de una determinada forma, entra en determinadas relaciones de producción.
El conjunto de las relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, base sobre la cual se levantan las instituciones jurídicas y políticas, a las que corresponden determinadas formas de la conciencia social.
El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general.
Dado el carácter eminentemente dinámico que tienen, las fuerzas productivas siguen desarrollándose dentro del marco de las relaciones de producción que le han dado origen, hasta llegar a un punto tal que, de formas de desarrollo, estas relaciones se transforman en trabas suyas.
Las fuerzas productivas sólo podrán seguir su desarrollo cuando las viejas relaciones de producción sean cambiadas por unas nuevas y más evolucionadas.
En ese momento histórico se verifica el nacimiento de una nueva sociedad. Al cambiar la estructura económica, se revoluciona más o menos rápidamente toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.
Resulta importante destacar que ninguna sociedad desaparece antes que se desarrollen todas la fuerzas productivas que encuentren campo de acción en ella.
Jamás aparecen nuevas y más perfectas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua.
Lo anterior explica el marxismo tomando como ejemplo el desarrollo de la agricultura a través de la historia.
Primitivamente se practicaba en comunidad.
La agricultura primitiva conoció distintas etapas de desarrollo técnico y económico, hasta que el modo de explotación en comunidad se transformó en un obstáculo para el progreso, es decir para el desarrollo de las fuerzas productivas.
Entonces, de la forma colectiva de propiedad del suelo se pasó a la propiedad individual del mismo y de los medios de producción agrícola, o en otras palabras se verificó un cambio en las relaciones de producción. Ello permitió un trabajo mucho más intenso y facilitó el aumento de las fuerzas productivas.
Pero esta clase de economía también aparece atrasada cuando, gracias al desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas en su seno, aparecen métodos superiores y se introduce la maquinaria en la agricultura.
En las condiciones de explotación agrícola individual resulta imposible utilizar en forma eficiente los nuevos descubrimientos.
Se hace necesario entonces cambiar la organización de la producción agrícola.
Aparece la división del trabajo, la producción social, el trabajador asalariado.
Aparecen, en resumen, nuevas relaciones de producción, aparece la explotación capitalista de la tierra.
El paso de un modo de producción a otro no se realiza para el marxismo automáticamente en el momento en que aparece la contradicción entre las Fuerzas Productivas y las Relaciones de Producción, sino que debe llevarlo a cabo el hombre, mejor dicho las clases de la sociedad para las cuales el modo de producción existente se transforma en un obstáculo para su desarrollo y cuyo papel en el proceso productivo ha hecho nacer en ellas lo gérmenes de un modo de producción superior.
14-Medios de producción
Todos aquellos elementos que participan en el proceso productivo, a excepción de la fuerza de trabajo.
Básicamente intervienen tres: el objeto sobre el cual se trabaja, los medios con que se trabaja y la actividad humana utilizada en el proceso.
El concepto "medios de producción", como está dicho, abarca a los dos primeros.
El objeto sobre el cual se trabaja puede ser de dos tipos: materia bruta o sustancia que proviene directamente de la naturaleza; y materia prima o sustancia que ya ha sufrido una modificación cualquiera efectuada por el trabajo.
En cuanto a los medios con los cuales se trabaja, Marx distingue un sentido estricto y un sentido amplio.
Los medios de trabajo en sentido estricto son las cosas o conjuntos de cosas que el trabajador interpone directamente entre él y el objeto sobre el cual trabaja (materia bruta o prima).
Sirven de intermediario entre el trabajador y el objeto sobre el cual se trabaja.
Ejemplos: la máquina de coser en una industria de confección, la pala mecánica en la extracción de minerales, etc.
Los medios de trabajo en sentido amplio comprenden además de los medios ya señalados, todas las condiciones materiales que, sin intervenir directamente en el proceso de transformación, resultan indispensables. Ejemplos: el suelo, las rutas, los canales, etc.
15-Mercancía
Objeto apto para satisfacer necesidades humanas, de cualquier tipo que ellas sean.
Estas necesidades pueden brotar, por ejemplo, "del estómago o de la fantasía", pueden ser físicas o espirituales.
La mercancía puede satisfacer las necesidades humanas en forma directa o indirecta, vale decir como objeto de disfrute o como objeto que sirve para fabricar nuevos objetos de disfrute, como medio de producción.
El nacimiento de la producción mercantil, que a la postre significó el aparecimiento de la sociedad capitalista, depende de dos condiciones históricas.
La primera es la división social del trabajo, que entraña la especialización de los productores en determinados tipos de bienes.
Al dedicar todos los esfuerzos a un solo tipo de producción, cada productor obtiene mejores resultados, tanto en cantidad como en calidad, pudiendo intercambiar sus excedentes con los obtenidos por los demás productores y completar toda la gama de mercancías necesarias para su subsistencia. Podemos decir, en consecuencia, que son mercancía todos aquellos bienes producidos para el intercambio.
La segunda condición que marca el aparecimiento de la producción mercantil, y que surge como consecuencia de lo anterior, es la producción privada e independiente, con propiedad privada sobre los medios de producción y sobre los productos que se obtienen con su uso (mercancías).
Para Marx, la mercancía constituye la forma elemental donde se refleja la razón de ser del Capitalismo: Por esta causa, el análisis que hace de la sociedad capitalista en "El Capital" parte de un análisis de la mercancía.
16-Modo de producción
Unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, en el proceso de elaboración de los bienes materiales.
Este modo de producción determina la estructura de la sociedad.
Por ejemplo, el modo capitalista, basado en la propiedad privada sobre los medios de producción, determina la división de la sociedad en dos clases antagónicas, el proletariado y la burguesía.
Todas las relaciones sociales de la sociedad capitalista, incluyendo las concepciones políticas, jurídicas, religiosas o artísticas, así como las instituciones sociales, políticas, jurídicas y de otro tipo, se hallan condicionadas, para el marxismo, por el modo capitalista de los medios de producción.
La estructura de la sociedad, de acuerdo a esto, no depende de los deseos ni de las intenciones de los hombres, ni de las ideas ni de las teorías, ni de las formas del Estado ni del Derecho.
El carácter y la estructura de toda sociedad se hallan determinados por el modo de producción imperante..
Al cambiar este modo de producción, cambia también todo el régimen social, cambian las ideas políticas, jurídicas, religiosas, artísticas, filosóficas y cambian las instituciones correspondientes.
El cambio de modo de producción constituye una revolución.
17-Plusvalía
Parte del valor generado por el trabajo del obrero, por la utilización de su fuerza de trabajo, que queda en poder del capitalista dentro del análisis marxista.
La fuerza de trabajo es una particular mercancía cuyo valor de cambio (salario)es menor que el valor que aporta al producto.
La diferencia entre el salario pagado al obrero y la parte del valor que éste aporta al producto(valor) se llama plusvalía.
Para el marxismo, la fuerza de trabajo es la única fuente de plusvalía, la única creadora de nuevo valor.
Las materias primas y maquinarias utilizadas sólo transfieren su valor al nuevo producto.
No lo incrementan.
Siendo así, durante la jornada de trabajo el obrero debe crear valor para cubrir su salario, y la plusvalía que corresponde al capitalista.
El tiempo que tarda en crear su salario es el tiempo de trabajo necesario, en tanto que el que corresponde a la plusvalía, es el tiempo de trabajo excedente.
18-Producción
Todo proceso a través del cual un objeto, ya sea natural o con algún grado de elaboración, se transforma en un producto útil para el consumo o para iniciar otro proceso productivo.
La producción se realiza por la actividad humana de trabajo y con la ayuda de determinados instrumentos que tienen una mayor o menor perfección desde el punto de vista técnico.
Este concepto tiene vital importancia en la teoría marxista, ya que de acuerdo a ella, en el proceso productivo los hombres crean sus condiciones materiales de vida, es decir su vida material, que sirve de fundamento a la vida espiritual e intelectual.
Marx:. "El ser social determina la conciencia social".
O, dicho de otro modo, personas que tienen similares condiciones de vida tienen también similares formas de plantearse frente al medio que los rodea.
Por esta razón podemos hablar de la forma de ser de los campesinos; también por esto un obrero de los años de la revolución industrial en Inglaterra pensaba de manera distinta que uno de nuestros días.
El obrero sigue siendo obrero sólo que han cambiado las condiciones materiales de vida.
19-Proletariado
La clase de los trabajadores asalariados moderna, que privados de medios de producción propios deben vender su fuerza de trabajo para poder subsistir.
20-Relaciones de producción
Las que se establecen entre aquellas personas que de una u otra forma participan en el proceso productivo y los medios de producción.
Se distinguen las relaciones técnicas de producción (que se refieren al control o no control) de las relaciones sociales de producción (que implican propiedad o no propiedad sobre los medios).
El artesano del siglo XVIII debía hacer gala de habilidad personal para elaborar sus productos.
De la pericia con que manejara sus instrumentos de trabajo, tijeras y agujas, por ejemplo, dependía la calidad de lo que entregaba a sus clientes.
Tenía, por tanto, control absoluto de los medios de producción y era al mismo tiempo su propietario.
En la sociedad capitalista, donde la producción se encuentra altamente tecnificada, la tarea del obrero se reduce, en muchos casos, a apretar botones para que la máquina trabaje.
No tiene control sobre los medios de producción ni es tampoco su propietario.
A diferencia de las fuerzas productivas, las relaciones de producción tiene un carácter estático.
Nacen cuando una nueva sociedad nace y son su esencia.
Duran lo que es sociedad dura.
De esta forma, cuando se destruyen las relaciones de producción de la sociedad esclavista, surgen nuevas relaciones de producción (feudales) que dan origen a la sociedad feudal.
Así también, las relaciones de producción feudales son desplazadas por los capitalistas, dando origen al capitalismo; y las relaciones de producción capitalistas son reemplazadas por las socialistas dando origen al socialismo.
El que los hombres entren en determinadas relaciones de producción, no depende de su conciencia, sino de las condiciones materiales de vida. Depende, en última instancia, del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
El conjunto de las relaciones de producción de un sistema es lo que se llama Base o Infraestructura económica.
21-Revolución
Proceso mediante el cual la clase dominada de una sociedad sacude su condición de tal, a través de un enfrentamiento con su clase antagónica. Un proceso revolucionario debe provocar, según los marxistas, una profunda transformación en el orden político, económico y social, con cambio radical en las antiguas relaciones sociales de producción.
Se producen también cambios en toda la superestructura.
En síntesis, una revoluciones un proceso impulsado por la gran masa de la sociedad y que trae como consecuencia una variación total en el modo de producción imperante.
Un determinado hecho, sea de carácter político, económico o social, alcanza el carácter de revolución cuando substituye el modo de producción imperante.
Digamos de paso que entiéndese por "modos de producción" las relaciones sociales y de propiedad que determinan tanto la posesión y dominio de los medios de producción como su distribución.
No confundir con "técnicas de producción", que comprenden los inventos, máquinas, habilidades y organización con que los hombres producen.
22-Salario
Valor de cambio o precio de la fuerza de trabajo.
Durante el tiempo en que el obrero trabaja para el capitalista produce una determinada magnitud de valor.
Parte de este valor generado por el obrero se le devuelve en forma de salario.
De resto se apropia el capitalista (plusvalía).
La magnitud del salario está determinada por el valor de los medios de subsistencia del obrero y de su familia, vale decir por el precio de aquellos bienes que el obrero y su familia deben consumir para sobrevivir.
23-Socialismo
Su concepto tiene en la terminología marxista un sentido bien preciso y además diferente del sentido que otras corrientes de pensamiento le han dado.
El marxismo identifica al socialismo como un régimen de transición al comunismo.
La doctrina de Marx y Engels acerca del socialismo, conocida como teoría del socialismo científico, señala que se trata de un régimen superior al régimen capitalista.
En palabras de sus teóricos, "sustituye la propiedad privada de los medios de producción por la de los medios de producción por la propiedad colectiva, instaura la dictadura del proletariado para poder realizar esta tarea y lanza las bases para una sociedad superior basada en la abundancia, la igualdad social y el pleno desarrollo del individuo".
El socialismo no elimina las contradicciones de clase sino que crea las condiciones para eliminarlas.
No elimina la dominación estatal, ni las relaciones de producción asalariadas, ni la división del trabajo entre trabajadores intelectuales y manuales, sino que echa las bases para su eliminación posterior en la sociedad comunista.
Los teóricos del marxismo han caracterizado al régimen socialista como aquel en que a cada uno se pide la entrega de todas sus capacidades y se lo remunera de acuerdo a su trabajo; esto significa la conservación de desigualdad de los individuos, determinada para por las diferencias individuales y de origen social.
La sociedad comunista pide a cada uno de acuerdo a su capacidad y lo remunera de acuerdo con su necesidad; de esta forma se eliminan los antagonismos sociales que subsistían en el socialismo.
24-Superestructura
En general, se entiende por superestructura al conjunto de los fenómenos jurídico-políticos e ideológicos y las instituciones que los representan.
El estado, el derecho, las ideologías, las religiones, las manifestaciones artísticas, etc., son hechos sociales que se inscriben en el contexto de la superestructura de una determinada sociedad.
La base económica (infraestructura) de la sociedad determina siempre la superestructura.
Marx y Engels postulan que para estudiar la sociedad no se debe partir de lo que los hombres dicen, imaginan o piensan, sino de la forma en que producen los bienes materiales necesarios para su vida.
La determinación de la superestructura por la infraestructura no debe entenderse como una determinación mecánica, sino que como una determinación de última instancia; vale decir, que las condiciones económicas finalmente determinan, pero las otras instancias de la sociedad desempeñan también un papel.
25-Valor
El valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlo.
La cantidad de trabajo que un bien encierra se mide por el tiempo de trabajo que se gastó en producirlo.
Esto no significa -advierte el marxismo- que las mercancías encierran tanto o más valor cuanto más holgazán o más torpe sea el hombre que las produce o, lo que es lo mismo, cuanto más tiempo tarde en producirlas. Por ello se habla de tiempo de trabajo socialmente necesario, o sea aquel que se requiere para producir una mercancía cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la sociedad.
La magnitud del valor de una mercancía permanece constante mientras no varíe el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción.
Pero éste varía al cambiar la capacidad productiva del trabajo, la cual depende de diversos factores, entre los que se cuentan: grado de destreza medio del obrero, progresos de la ciencia y de sus aplicaciones técnicas, volumen y eficacia de los medios de producción, y las condiciones naturales.
Así, por ejemplo, la misma cantidad de trabajo que en años de buena cosecha arroja 8 sacos de trigo, en años de mala cosecha sólo arroja 4, aumentando al doble el valor de cada saco.
El rendimiento obtenido en yacimientos minerales con una misma cantidad de trabajo, variará según se trate de yacimientos más pobres o más ricos. Los diamantes son raros en la corteza de la tierra; por eso su extracción supone, por término medio, mucho tiempo de trabajo, y ésta es la razón de que representen, en dimensiones pequeñísimas, cantidades de trabajo enormes.
Un objeto puede ser útil sin ser valor.
Así ocurre cuando la utilidad que ese objeto encierra para el hombre no se debe al trabajo.
Tal es el caso del aire, de la tierra virgen, de las praderas naturales, etc. Por otra parte, ningún objeto inútil puede ser valor.
Si es inútil también lo será el trabajo que encierra; no contará como trabajo ni representará, por tanto, valor.
En términos cuantitativos, el valor de un bien se descompone en valor de las materias primas usadas (evidentemente, este valor está dado por la cantidad de trabajo invertida en la producción de ellas), valor del monto en que las maquinarias se desgastan en su producción (depreciación), valor de la fuerza de trabajo usada (salario) y plusvalía (beneficio del capitalista) generada por la fuerza de trabajo.
Si bien el valor de cambio es la expresión formal del valor, no siempre ambos tienen la misma magnitud.
El valor de cambio, o precio, oscila por la presión de distintas fuerzas del mercado como la oferta, demanda, etc., pero siempre en torno a la magnitud del valor.
26-Valor de cambio
Proporción en que se cambian mercancías de una clase por mercancías de otra y que varía con los lugares y los tiempos.
Si con un saco de salitre podemos obtener dos de harina, fijaremos el valor de cambio de un saco de salitre en dos sacos de harina.
Asimismo, si podemos obtener una cajetilla de cigarrillos sacrificando 5 escudos, diremos que el valor de cambio de dicha cajetilla es de cinco escudos.
Este valor de cambio, o precio, si bien oscila de acuerdo con el juego de las fuerzas de mercado, lo hace siempre en torno al valor.
De esta manera, el valor de cambio de una mercancía no es una relación cuantitativa meramente casual; el valor de cambio es una expresión del valor.
27-Valor de uso
Capacidad de un objeto para satisfacer necesidades humanas, de cualquier tipo que ellas sean.
La madera adquiere valor de uso en la medida en que con ella podemos hacer muebles, construir casas, etc., y de madera porque ésta tiene características materiales que lo permiten.
Por esto Marx afirma que el valor de uso de un objeto es la materialidad del mismo.
Importa destacar que el valor de uso de un objeto sólo toma cuerpo cuando éste presta utilidad, en decir, en el momento del consumo.

Rebelión
No es difícil entrar en una buena parte de los componentes humanistas de Ernesto Che Guevara, desde una óptica revolucionaria que él aplicó en su vida como militante marxista. Se tiene hablado y escrito mucho sobre el humanismo del Che, partiendo de ciertas fases de su vida revolucionaria en Cuba. Con cierta brevedad quisiera retomar dos puntos vitales en la vida del Che. Uno, el de su niñez y el otro el de su juventud. Para comprender mejor como se ha gestado o generado su humanismo debemos concurrir a lo que nos revela Pierre Kalfon, en su libro: “Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo”. Con el fin de ordenar bien la orientación inicial del humanismo del Che permítanme leer el siguiente texto de Kalfon, que dice: “La guerra civil española (1936-1939) afectó aún más a los Guevara y su progenie. En primer lugar porque el cuñado de Celia, el poeta comunista y algo dandy Cayetano Córdova Iturburu, participó en ella valerosamente más de un año, como enviado especial de “Crítica”, el único diario antifranquista de Buenos Aires; todos los demás eran partidarios de Franco. Luego porque su mujer, Carmen de la Serna, comunista como él, decidió, justificándose en la tos ferina de uno de sus hijos, ir con sus dos retoños a reunirse en Alta Gracia con su hermana menor Celia. Finalmente, porque numerosos hijos de republicanos españoles, exiliados en Córdoba y en su región, serán algunos de los mejores amigos de infancia y adolescencia del joven Ernesto”.
Este texto nos revela que el Che, de niño, vive en el seno de una familia que tiene una coyuntura ideológica de izquierdas que debate y discute varios temas, sobre todo, aquellos de tipo existencial que son los que más impactan a un niño y, al mismo tiempo, se codificaron en su memoria. Sabemos que los Guevara, en su afiliación de izquierdas, dieron cobijo en su casa a numerosos exiliados españoles que, sin duda, hablaron de las turbulencias que una guerra civil acarrea. Allí se hablaba de los buenos (los vencidos, el pueblo) y de los malos (los vencedores fascistas). En esta particular situación el Che fue digiriendo ese dualismo del bueno y del malo; del vencedor y del vencido. Y, necesariamente, su mente estaba con los vencidos para que algún día fueran vencedores. Y cuando escoge su carrera de médico, lo hace en su subconsciente pensando en ayudar al ser humano. He aquí su humanismo inicial.
El segundo punto del humanismo del Che, el de su juventud, uno de los más sólidos, es cuando realiza el famoso viaje por todo el Continente americano, 1952. Son fascinantes los apuntes o crónicas de viaje que el Che nos ha dejado en sus escritos. Más allá de las peripecias del viaje está el encuentro con los pobres, con la miseria, en definitiva: con el vencido. El Che va acumulando la experiencia de la derrota de América. En sus apuntes habla de las causas del subdesarrollo y de la explotación del hombre por el hombre y de los estados sumisos al imperialismo. Sobre este viaje, el Che habló en La Habana el 19 de agosto de 1960, enfatizando lo siguiente: “Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo. (...) Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte substancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente”. Aquí vemos que el humanismo en el adolescente Guevara, además de tener cuerpo también tiene alma. El in situ de conectar ocularmente y auditivamente, nace en él un humanismo que será un referente sin limitaciones. Toda esa situación sangrante le lleva a estar ya no del lado de los hambrientos y de los leprosos sino estar con ellos y luchar por ellos. Y este humanismo le lleva a una profunda reflexión de cambiar las reglas de juego; de cambiar el mundo y a tomar una drástica y peligrosa decisión: luchar con todas las armas a su alcance para derrotar a las clases dominantes y liberar a las clases dominadas, devolviéndoles la dignidad que les ha sido arrebatada. Sobre estos términos, el Che era así de transparente: “Es decir, para conquistar algo tenemos que quitárselo a alguien, y es bueno hablar claro y no esconderse detrás de conceptos que puedan mal interpretarse”. Con esta decisión estamos ante una de las fases más decisivas y determinantes del humanismo revolucionario del Che, que ya en la práctica de la Revolución cubana, ese humanismo lo aplicó y lo dimensionó.
Hay un párrafo en su libro: “La Guerra de Guerrillas” que puede que a todos nos impresione, al manifestar: “Un herido debe ser sagrado, curársele lo mejor posible”. Da la sensación que este nuevo humanismo nos lleva a aquel otro humanismo: “Si te dan en una mejilla vuelve la otra”. No, el nuevo humanismo que practica el Che es este: “Si te golpean golpea tú más”. El ejemplo de la mejilla, tan mistificado como dormidera del oprimido pertenece ya a un humanismo que más que trasnochado ya no nos sirve ni como metáfora. El nuevo humanismo revolucionario que el Che a esgrimido fija una reveladora metodología en la cual se esclarece ese dualismo en lucha perpetua y cruel entre el opresor y el oprimido. El Che supo ejemplarizar el método, la estrategia y, sobre todo, los valores del oprimido para erigirlo como el hombre nuevo; como el hombre rupturista con el viejo sistema de opresión. La superación de las contradicciones en la lucha de clases las abordó de una forma integral y pragmática. El indicativo, en este apartado, era luchar por la conquista de nuevas relaciones de conducta, desechando lo viejo y lo parasitario, con el fin de perfeccionar un ser humano integral. Y cuando hablamos del ser humano integral estamos pensando en aquellas palabras suyas, tan resolutivas, sobre el papel de la mujer en los frentes guerrilleros. De la mujer que era tratada como desecho en el mundo capitalista y en el campo religioso. Para ser mujer beligerante, activa y dueña de si misma e integrada en el nuevo modelo revolucionario en pié de igualdad con el hombre, había que integrarla con los mismos derechos y con los mismos deberes alejada de frustrantes marginaciones. De aquí surge el ser humano integral y libre de preconceptos y de tabúes.
Pero el hombre integral no nace, se le hace. Pero el Che conocía muy bien el proceso histórico de los conflictos sociales, sus evoluciones y, sobre todo, la trascendencia de cambiar la historia por medio de procesos revolucionarios. Marx decía: “El mundo no hay que interpretarlo sino cambiarlo”. El humanismo del Che tiene aquí su mayor incidencia, el marxismo como ideología de cambio; como motor capaz de determinar el presente y el futuro de los pueblos oprimidos. El humanismo del Che es revolucionario por que es científico, y capaz de contrastar, verificar y determinar los procesos sociales y económicos en que se encuentra una sociedad determinada en que se le debe buscar sus verdades y sus contradicciones.
“La verdad es siempre revolucionaria”, decía Gramsci. Y el Che comentaba: “Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe ser ‘marxista’ con la misma naturalidad con que se es ‘newtoniano’ en física, o ‘pasteuriano’ en biología, considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado. (...) Es por ello que reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo cultural y científico de los pueblos y lo tomamos con la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión”.
Dicho esto, el humanismo revolucionario del Che bebe de una de las fuentes científicas e ideológicas de Marx que no tienen parangón en la sociedad capitalista, donde la opresión del hombre por el hombre se manifiesta de muy diversos niveles y actitudes. La ideología marxista, científicamente, está enmarcada en un mundo de relaciones nuevas e insurgentes contra el sistema capitalista, a las cuales se han incorporado los oprimidos. Es en este parámetro, donde el Che es pragmático en su humanismo revolucionario, al señalar: “Nosotros, revolucionarios prácticos, iniciando nuestra lucha simplemente cumplíamos leyes previstas por Marx el científico, y por ese camino de rebeldía, al luchar contra la vieja estructura del poder, al apoyarnos en el pueblo para destruir esa estructura y, al tener como base de nuestra lucha la felicidad de ese pueblo”.
¿Así qué las fuentes originarias del humanismo revolucionario del Che estaban sustanciadas en la teoría y en la praxis marxista? Evidentemente que si, porque las leyes científicas que Marx verificó sobre las contradicciones de clase y la lucha de clases ha abierto una gran brecha a favor de la clase proletaria. Pero el humanismo revolucionario del Che converge con otras experiencias humanistas y revolucionarias que se dieron en el contexto de la lucha de liberación social de los pueblos latinoamericanos. El Che Guevara era un lúcido pensador e intelectual que comprendió e interpretó su contemporaneidad a la luz de las relaciones sociales que se dieron en cada contexto socio-político, ya no sólo americano sino del mundo. Y cuando decimos que bebió de Marx debemos ampliar el horizonte para manifestar que otra de sus fuentes de pensamiento fue el humanismo de Martí. En el homenaje del 28 de enero de 1960, al Apóstol de las libertades de Cuba, el Che, dijo: “... Martí había nacido, había sufrido y había muerto en aras del ideal que hoy estamos realizando. Mas aún, Martí fue el mentor directo de nuestra Revolución, el hombre de cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estamos viviendo”.
La universalidad del humanismo revolucionario del Che también tiene su fuente inspiradora en los ecos patrióticos y revolucionarios de Martí. Digamos que la Revolución cubana se inspiro en el pensamiento revolucionario martiano. Pienso que el mayor intérprete del pensamiento de Martí es Fidel. Si leemos los discursos del Comandante en Jefe, la presencia de Martí es continua e irreprochable, por lo cual la Revolución que el pueblo cubano realizó estaba inspirada, por sus dirigentes, en el ideario de Martí. La devoción práctica que el Che sintió por José Martí, no sólo se manifiesta en sus escritos sino que estos revelan el humanismo martiano que se unifica con el del Che. También las grandes corrientes de pensamiento revolucionario latinoamericanista como el de Bolívar, Roca, Ponce, Mariátegui etc., convergen en el pensamiento revolucionario del Che. Dado que él ha buscado en el contexto espacial los referentes teóricos y prácticos. Así no es raro que encontremos en la dialéctica guevarista significativas referencias de ese humanismo anterior. Desde luego, son buenas las referencias, el rescate de la tradición revolucionaria en todos sus espacios y en todas sus connotaciones. En este aspecto, el Che supo evocar su reencuentro con la praxis de José Martí, de Emiliano Zapata, de Augusto Sandino y de Farabundo Martí y de tantos otros que germinaron con su sangre contundencias revolucionarias que el Che supo ejemplarizar. Y desde esta óptica de referencias, el Che fue un interlocutor y un gran pedestal de ese puente de enlace entre estos pensadores y luchadores latinoamericanos que los interpretó y los hizo suyos desde el historicismo y humanismo marxista.
Uno de los grandes estudiosos del humanismo revolucionario del Che Guevara, como es Michael Lowy, sintetizo su enorme personalidad y sus inacabados proyectos: “El Che no sólo fue un heroico combatiente, sino que además un pensador revolucionario, un precursor de un proyecto político y ético por el cual luchó y murió. La filosofía que le da coerción, color y calor a su empuje ideológico es un profundo y original humanismo revolucionario. Para el Che, el verdadero comunista, el verdadero revolucionario es aquel quien considera los problemas de la humanidad su propio problema personal; aquel que siente profundamente cada vez que un hombre muere en cualquier parte del mundo; y se llena de una gran felicidad cada vez que aparece la bandera de la libertad en cualquier parte del mundo. Su internacionalismo, además de ser un modo de vida, una creencia secular, un imperativo categórico, y un ábide espiritual fue la más original, pura, combativa y concreta expresión de este humanismo revolucionario”.
El rigor ético y el valor filosófico del pensamiento del Che es el vértice de unión de su humanismo y de su práctica revolucionaria. Pese a los que quieren obstruir el camino andado por el guerrillero heroico, no deja de ser un todo en las relaciones teoría y práctica de su conducta comunista. Lo común y lo humano son términos que en el discurso dialéctico del Che, esclarecen la lucha por la dignidad humana. Al Che le gustaba citar esta frase célebre de José Martí: “A un hombre verdadero le debe doler cuando otro es golpeado en la cara”. La gran pregunta que aquí nos hace el Che, es el otro. Nuestro semejante. ¿Qué podemos hacer por el otro en sus precariedades, cuando es ofendido y robada su plus valía y alterada su dignidad? Muchas veces es más necesario reponerle al asalariado más dignidad que pan. Esto lo decía Marx, y también lo enfatizó el Che. En este controvertido paréntesis de la única pretensión de los pobres y humillados es llenar el estómago más que llenar el cerebro con una ideología que lo libere. Por eso que la gran lección que nos ha dejado el Che es el camino humanista y revolucionario como alternativa de su dignificación, como él señaló: “No queda otra alternativa; la revolución socialista o una caricatura de revolución”.
En los tiempos que corren, con la globalización en auge y el monopolio del neoliberalismo que tiene como único o posible discurso ideológico de la alienación trata, con perversas intenciones de integrarnos, al sistema capitalista por medio de constantes amenazas contra la integridad de los pueblos que quieren ser libres. Frente a esto está el legado revolucionario del Che y de tantos otros que en Cuba, en Latinoamérica y en todo el mundo supieron y saben alzar su voz y su enérgica acción contra el avance imperialista.
La expresión más directa del humanismo revolucionario del Che se concreta en el desarrollo de la lucha de liberación del hombre como individuo y en su trascendencia como miembro de un amplio colectivo de explotados. Este valor de la trascendencia revolucionaria esta muy expresada en Marx, en Lenin y en Fidel Castro. Y es la base del humanismo revolucionario.
En el escenario más cruel y neoliberal del mundo actual, surge la pregunta suspicaz y mal intencionada ¿No están las ideas del Che Guevara pasadas de moda? Y el que ha captado bien su dialéctica humanista, su conducta revolucionaria y su enorme aportación a la transformación histórica de la humanidad, que todavía no ha culminado su liberación, dará una respuesta contundente basada en la opresión capitalista y en la liberación socialista. El socialismo y el comunismo son aún proyectos inacabados por existir todavía las contradicciones de la explotación del ser humano; la explotación de una nación por otra. Mientras que el ser humano siga en sus mínimos de conciencia, el humanismo revolucionario será siempre una realidad aplicable y exigible para su liberación. Mientras que a los pueblos se les niegue su dignidad y justicia social la rebeldía y la insumisión tiene que florecer en muchos pueblos como en Chiapas, en Colombia y en tantos otros lugares del mundo. En todos ellos, sin duda, estará floreciendo el fruto y el humanismo revolucionario que el Che ha sembrado con su palabra y con su ejemplo.
Fiolsofía
“Así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales”. Karl Marx. En torno a la crítica de la filosofía del derecho.
El 3 de julio de 2006 fue publicada en Rebelión una entrevista al filósofo francés Dany-Robert Dufour bajo el título La muerte de Dios postmoderna. Aunque Angélica M. Aguado y José J. Paulín, sus entrevistadores, presentan al filósofo francés como uno de los pensadores europeos más importantes, a mi juicio este filósofo, como la mayoría de los filósofos postmodernos, le da la espalda a la realidad y usa el lenguaje como si constituyera un mundo independiente. No actúa conforme se expresa Marx en la cita que encabeza este trabajo, no entiende que el proletariado, las masas más pobres del mundo, debe encontrar en la filosofía sus armas espirituales. Así se evitaría que la buscara en exclusividad en la religión. Y para lograr que el proletariado encuentre en la filosofía sus armas espirituales, el filósofo debe traducir su lenguaje filosófico al lenguaje corriente. Sólo así se demostraría que la filosofía sirve a la vida y es expresión de la vida.
Trabajadores y proletariado
Hoy día, dadas las diferencias entre los países del Norte y los del Sur, se hace necesario establecer una clara distinción entre trabajador y proletario. Deberíamos utilizar este último nombre para los trabajadores que viven en condiciones difíciles, con bajos salarios, y especialmente en países pobres. Puesto que los trabajadores que viven en los países más avanzados, incluso los que no tienen grandes salarios, pueden disfrutar de un nivel de vida relativamente satisfactorio, si la comparamos con la vida que llevan los trabajadores en los países menos avanzados.
Los proletarios, dada las penurias de su vida, son quienes más sienten la necesidad de que el mundo cambie y sueñan con dicha posibilidad. Lo que sucede es que la cultura capitalista alimenta este cambio como una opción individual y no como una opción colectiva. En el otro extremo de la balanza nos encontramos con trabajadores que pueden llegar a percibir hasta seis mil euros al mes en concepto de salario. Este salario no los convierte en capitalistas, pero si en unos ciudadanos que disfrutan de un buen nivel de vida y a quienes no les falta de nada. De ahí que estos trabajadores no sientan la necesidad de que el mundo cambie. No obstante, tanto un sector como otro, tanto el trabajador como el proletario, necesitan de la filosofía como arma espiritual. Más en este mundo de hoy, tan ausente de espíritu y de valores, donde el materialismo vulgar y la vida superficial lo ocupan todo.
Los filósofos y la transformación del mundo
El pensamiento filosófico puede ser empleado para dos fines: por un lado, para representar el mundo, mostrando lo que existe y señalando cuáles son sus necesidades de cambio, y por otro lado, para ocultar el mundo, metamorfosearlo y volverlo inexplicable. Creo que hoy día hay muchos filósofos, entre los que se encuentra Dufour, cuyas palabras sólo sirven para convertir el mundo en algo inexplicable. No obstante, aconsejo al lector que lea la entrevista de la que antes di las referencias y que tenga la paciencia de leer hasta el final la crítica que aquí formulo. Sé que para las personas prácticas, las que tienen que comunicarse con la gente sencilla, el lenguaje filosófico abstracto, más especialmente el especulativo, les resulta muy poco interesante. Pero a un sector importante de los intelectuales sí les interesa ese lenguaje y los problemas que trata. Y los intelectuales constituyen una de las fuerzas sociales imprescindibles para la transformación de la sociedad capitalista en una sociedad socialista. Así que las vanguardias de la izquierda radical no pueden ignorarlos ni desatender sus necesidades.
Las abstracciones y las ocultaciones
Creo que la mayor abstracción en la que incurre Dufour en su entrevista es en la de sujeto o neo sujeto. Y carga aún más de abstracción a ese sujeto cuando lo define como un sujeto determinado por el ideal crítico kantiano y por la neurosis. Me parece una abstracción burguesa, propia de la clase media, que siempre anda huyendo de las contradicciones extremas. No se trata de inventar contradicciones extremas; pero si estas existen, no hay que ocultarlas o hacer como si no existieran. ¿Pero por qué me parece una abstracción burguesa la del sujeto del que habla Dufour? Porque cualquier filósofo que tenga los ojos abiertos puede ver dos clases de sujetos en el primer plano del mundo: por un lado, las cien mil personas que mueren cada día de hambre, y por otro lado, las quinientas personas más ricas del mundo que suman más dinero que el que poseen las 410 millones de personas más pobres del mundo. Por mucho que avance la filosofía, por mucho que se declare la importancia y omnipresencia del lenguaje, nada de eso puede borrar la contradicción extrema entre riqueza y pobreza. Como tampoco puede borrar la contradicción entre propiedad pública y propiedad privada. Puesto que tanto la pobreza extrema como el enriquecimiento desproporcionado son frutos de la propiedad privada. Así que en vez de un sujeto crítico kantiano y neurótico, lo que tenemos en el mundo de hoy es un sujeto hambriento y un sujeto extremadamente rico.
La postmodernidad
A la pregunta de qué caracteriza exactamente a la postmodernidad, Dufour contesta lo siguiente: “La postmodernidad se caracteriza, según Lyotard, por el fin de los grandes relatos de emancipación de la humanidad que fueron elaborados durante la modernidad, la cual funcionó en torno a ciertos ideales, por ejemplo el acceso a la razón y al criticismo y la emancipación social. Tomen como ejemplo el marxismo y la salvación social –prometida de alguna manera con referencia al pueblo-, y el acceso a ciertas “fuerzas oscuras” (pienso ahora en Nietzche o en Freud, que decían que en cuanto acudiéramos a ellas nos íbamos a liberar). Entonces, los que sufren frente a la postmodernidad serían esos grandes relatos, ya que ésta pondría fin a esas esperanzas y a esos ideales. Así que la postmodernidad dice que ya no seremos salvados ni por Dios, ni por el proletariado, ni por ningún ideal de emancipación”.
Emancipación política y emancipación humana
Dufour nos dice sintéticamente dos cosas: una, ha llegado a su fin los grandes relatos de emancipación de la humanidad, y dos, la humanidad no debe esperar a ser salvada por el proletariado. Ha sido la burguesía, sobre todo por medio de la declaración de los derechos humanos, quien ha confundido de siempre la emancipación política con la emancipación humana. La emancipación política llevada a cabo por la revolución burguesa significó, entre otras cosas, que el Estado se liberara de la religión. Pero no significó la liberación humana de la religión, todo lo contrario: las personas se volvieron más religiosas. Así que quien hable de que la modernidad, esto es, la época burguesa y la época de la transición del capitalismo al socialismo, se caracteriza por el fin de los grandes relatos de la humanidad, es víctima de la ideología burguesa, que presenta la emancipación política como emancipación humana.
En esta confusión entre la emancipación humana y la emancipación política, en la que incurrió la burguesía, no podía caer el proletariado. Y la experiencia del socialismo realmente existente lo ha puesto así de manifiesto: se trata en principio y fundamentalmente de la emancipación económica y política del proletariado, no de la emancipación de la humanidad. El ejemplo de Cuba y de China así lo atestiguan. Así que es un error asignarle al proletariado una misión que no le corresponde y que la práctica desmiente.
La postmodernidad y la salvación de la humanidad por el proletariado
De todos modos no deja de ser una actitud extremadamente burguesa y cómoda hablar de que no debemos esperar del proletariado que salve a la humanidad. Será que Dufour no tiene los ojos abiertos y no ve lo que hay que ver: no ve que cada día mueren de hambre cien mil proletarios. ¿Cómo podemos esperar del proletariado, que representa la más grande de las deshumanizaciones, la salvación de la humanidad? Sólo puede esperarlo la clase media, que es una clase social cómoda donde las haya, que le gusta hablar de que los relatos de emancipación de la humanidad han acabado sentada en su sillón, como si ella nada tuviera que ver con la marcha del mundo. No sabe o no quiere saber que si los grandes relatos de emancipación de la humanidad han llegado a su fin, especialmente en Europa occidental, será porque ella los ha sofocado, estrangulado y asfixiado.
Neoliberalismo
Ante la pregunta formulada por sus entrevistadores de cuál sería la diferencia entre neoliberal y ultraliberal, Dufour responde lo siguiente: “Neoliberal quiere decir literalmente “nuevo liberalismo”. Ahora bien, creo que no es un nuevo liberalismo; sólo hay un liberalismo que fue enunciado hacia 1768 por primera vez por Adam Smith, y que se presenta como la posibilidad para los individuos de entregarse a la ganancia máxima y seguir todos sus cálculos egoístas; que decía que “podían hacer” sin ningún límite, sin ninguna vergüenza, porque de todas maneras existía una Providencia que iba a transfigurar los vicios privados en virtudes públicas, es decir, en riqueza colectiva. Es este régimen, simplemente llevado hasta sus últimas consecuencias, el que vemos aparecer en el mundo, sobre todo a partir de 1980 con Margaret Thacher, en Inglaterra, y con Ronald Reagan, en Estados Unidos, y que implica la destrucción de todas las formas de regulación”.
El uso absoluto de las palabras
No deberíamos dejar que ciertas palabras, como, por ejemplo, la palabra “neoliberalismo”, oculten los detalles del mundo y de la vida. No deberíamos ver tras el neoliberalismo especialmente y en exclusividad a los mandatarios de las grandes potencias. Nuestra visión debería ser más amplia y percibir bajo la bandera del neoliberalismo, además de a esos mandatarios, a los grandes capitalistas de todas las naciones, con sus nombres y apellidos, a los grandes líderes de opinión del mundo capitalista, a sus grandes y enriquecidos deportistas, y a todas las grandes figuras que se mueven en torno a la moda y la publicidad. Hay que ampliar los blancos sobre los cuales apuntar la crítica. No debemos fijarnos en exclusividad en los representantes políticos, los que están al frente del Estado y dan la cara, sino también y más especialmente en los representados. Son demasiadas las fuerzas y los sectores sociales que viven de lo lindo gracias al estado económico y social del mundo actual. Hay muchos vividores, presentes en todos los ámbitos de la vida, que sacan grandes tajadas sin trabajar o trabajando muy poco en este mundo extremadamente liberal. Así que el uso absoluto de cualquier palabra, como en este caso sucede con la palabra “neoliberalismo”, sin entrar en los detalles y matices de la vida, nos lleva a tener una concepción del mundo muy unilateral. Es como si sobre la vida echáramos una pesada manta y todo lo viéramos de un solo y uniforme color. Así que si alguien dice que está contra el neoliberalismo, qué nos diga que hay detrás de esa palabra o a quién apunta con esa palabra.
Capitalismo de libre mercado y capitalismo monopolista
Adam Smith hablaba para la época del capitalismo de libre mercado, donde las empresas no eran muy grandes y producían para un mercado desconocido. En esa época era cierto, hasta cierto punto, que el interés individual generaba un interés común. Pero desde principio del siglo XX el capitalismo de libre mercado dejó de existir y su lugar fue ocupado por el capitalismo monopolista, donde los bancos pasaron a desempeñar un papel central y dominador. Y los monopolios, al contrario que las empresas de la época del libre mercado, lo calculan todo y lo planifican todo. No venden a un mercado desconocido, sino a un mercado conocido en todos sus detalles. Las grandes empresas transnacionales antes de invertir en un determinado lugar lo estudian todo previamente, si hay las infraestructuras adecuadas o no, si hay estabilidad política o no, incluso tienen los contactos y tratos necesarios con las autoridades locales. Nada se les escapa al movimiento espontáneo. Ya nadie cree en el mercado ciego y desconocido. Así que en este sentido el liberalismo del capitalismo transnacional nada tiene que ver con el liberalismo de los siglos XVIII y XIX. Es un grave error teórico presentar el liberalismo actual como una continuación o culminación del liberalismo representado por Adam Smith.
Hay que observar además una diferencia esencial: en tiempos de Adam Smith el trabajo se consideraba la sustancia del valor, mientras que en la actualidad todos los esfuerzos de los economistas burgueses están encaminados a quitarle el protagonismo al trabajo en la creación de riquezas. Y como dije en cierta ocasión: Adam Smith es un aliado para los marxistas en la lucha contra los economistas convencionales. Adam Smith era un economista profundo, no superficial, como sí lo son los economistas burgueses actuales. Así que es un gran error ideológico presentar el liberalismo actual, que expresa los intereses del capital monopolista y el predominio de la economía vulgar, con el liberalismo de los siglos XVIII y XIX, que expresa los intereses del capitalismo de libre mercado y el predominio de la economía profunda y esencialista. En aquel entonces la burguesía era revolucionaria, mientras que ahora es reaccionaria.
El mercado y la regulación
Dufour habla como si el capitalismo actual supusiera la destrucción total de todas las formas de regulación. Esto es un error. Dufour confunde la actuación de los grandes capitalistas en el interior de sus fronteras con su actuación fuera de ellas. El mercado en los países miembros de la UE, por poner un ejemplo, es un mercado regulado. Sólo hay que pensar que la mitad de la economía es pública. Y la regulación no sólo es una demanda de la clase obrera, también lo es de la clase capitalista. Todos los capitalistas están unidos mediante organizaciones empresariales y exigen del Estado muchas cosas: que abaraten los costos de la seguridad social, que faciliten subvenciones, y que les ayude en la creación de puestos de trabajo. Así que el mercado actual es un mercado regulado e intervenido. La cuestión está en que cuando los grandes capitalistas de la Unión Europea actúan en el exterior, especialmente en los países atrasados, quieren la mayor de las libertades: el dejar hacer sin límites. Pero ahí está la reacción de países como Venezuela y Bolivia para establecer límites y no dejar al gran capital hacer lo que quiera. De todos modos el problema no ésta en el mercado, sino en que el mercado sea capitalista, y más específicamente que esté en manos de las grandes empresas transnacionales. Y las empresas transnacionales lo regulan todo, no actúan a ciegas y sin control. Así que es un error presentar el liberalismo internacional como una economía de mercado sin regulación ni control. El problema no es si hay un mercado regulado o no regulado, sino en manos de quiénes está la regulación y el control.
El sujeto postmoderno
A la pregunta de cuáles serían las consecuencias psíquicas para el que, a todas luces, parece ser un neo sujeto, formulada por sus entrevistadores, Dufour contesta en los siguientes términos: “En la época moderna teníamos un sujeto doblemente definido: estaba definido por el ideal kantiano que apareció alrededor de 1800, y estaba definido también por la condición subjetiva de este sujeto moderno caracterizada por la neurosis. Yo creo que el sujeto postmoderno es un sujeto que ya no está marcado por la necesidad de esta substracción; es un sujeto que debe poder obtener todo lo que quiere en función de que Adam Smith llamó la maximización de las ganancias. A partir de entonces es un sujeto que se presenta con una nueva característica, la de ser un ser sin límites, y por lo tanto entra en otra economía psíquica distinta a la del ser humano moderno que se ve obligado a renunciar a una parte para que lo demás funcione”.
Los filósofos, como Dufour, atrapados por las palabras, falsean el mundo, tanto el pasado como el actual. Nadie puede creer que las personas de 1800 fueran sujetos kantianos y neuróticos. Algunas tal vez sí, y siempre en una parte de Europa, pero la mayoría no. Y de todos modos esas caracterizaciones son insuficientes para saber cómo era la gente de aquel entonces. Además, entre las personas hay muchas diferencias, de clase, de cultura, de posición, de origen, etcétera. Y al caracterizar al sujeto actual, Dufour cae en el mismo error que cuando caracteriza al sujeto de 1800, y hay cosas que no comprende. La maximización de las ganancias es una exigencia que debe plantearse cualquier empresa. El problema no está en maximizar las ganancias, sino en quién se apropia de las ganancias. Pertenece al socialismo antiguo y reaccionario pensar que quien lucha por maximizar las ganancias es un capitalista. También cualquier persona debe buscar ganar lo más posible. El problema no está en luchar por el máximo ingreso, sino en que haya personas que se apropien de trabajo ajeno.
El ser actual como un ser sin límites
Cuando Dufour habla de que el ser actual es un ser sin límites, se deja llevar por las ideas. El Estado, lejos de debilitarse, se ha vuelto más complejo y poderoso. Y el Estado es el más grande de los límites que existen. ¿No limita Estados Unidos con su maquinaria de guerra el libre hacer del pueblo iraquí? Sin duda que sí. Hoy existen más límites que nunca. La existencia de las transnacionales es la limitación más importante que tiene el mundo de hoy. Pero no por ser transnacionales, sino por ser de propiedad privada. Otra cosa es que haya pueblos que son muy libres y otros que lo son menos. Pero pensar que existe un sujeto abstracto y universal que carece de límites, no deja de ser un canto al ciego idealismo. Y el idealismo es un veneno para la conciencia que quiere cambiar el orden existente.
La postmodernidad, el mercado y Dios
A la pregunta ¿cuál es entonces el lugar de Dios en la postmodernidad?, formulada por los entrevistadores, Dufour responde lo siguiente: “Me están haciendo una pregunta muy interesante porque, de hecho, los grandes relatos de salvación de la modernidad han muerto en la postmodernidad. Así que podríamos decir que Dios ha muerto, pero este vacío trascendente de Dios fue reemplazado por la nueva Providencia que mencioné hace rato, que es la Providencia del mercado. Es el mercado el que se presenta como un nuevo dios: potencia, omnipotencia; podría hacer todo, regular todo. Así que estamos ante una especie de nuevo dios. El problema es que este nuevo dios no cumple sus promesas. ¿Por qué? Porque el mercado es una simple red de intercambios, un ámbito donde se puede intercambiar todo, todo lo que es mercantilizable en el mundo”.
Pienso que Dufour habla de espalda a la realidad y que sus palabras carecen de verdad. Dios no ha muerto, porque la creencia en Dios no ha muerto. La gente sigue siendo hoy día muy religiosa. La necesidad de creer en Dios sigue siendo hoy día muy fuerte. Y entre más pobres sean los pueblos, entre más miserias y calamidades padezcan, más fuerte y desarrollado está el sentimiento religioso. Así que Dios sólo morirá cuando muera la necesidad de creer en él. Y la necesidad de creer en él desaparecerá cuando del mundo desaparezca el mal: el hambre y la guerra.
Presentar al mercado como el nuevo Dios me parece un pensamiento del tiempo de Lutero, que hablaba del dinero como algo que en sí mismo encerraba el mal. El mercado es un mecanismo económico que sirve para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y para asignar los recursos. El problema en el mundo actual no está en que haya mercado, sino en que el mercado sea capitalista. No es el mercado el que lo puede todo, sino los grandes capitalistas que operan en el mercado. Así que para acabar con la omnipotencia que hay en el mercado habría que acabar con los grandes capitalistas. Sucede con el mercado lo mismo que sucede con el dinero. El problema no es el dinero, sino que haya personas que lo posean en cantidades infinitas y otras personas que apenas puedan disponer de él.
¿ No tenemos más que el mercado?
Los entrevistadores después de afirmar que si la postmodernidad presenta la posibilidad de la muerte de Dios y lo que ha venido a ocupar su lugar es el mercado, formulan la siguiente pregunta: ¿la oferta de las nuevas religiones es la existencia de un dios falso? Y Dufour responde del siguiente modo: “No, yo creo que es en esta declinación de las distintas figuras del Otro que la humanidad ha conocido, donde hay que contar formas extraordinariamente diversas de la divinidad, o formas extremadamente diversas de lo que se da en llamar el soberano, o formas muy diversas de lo que se podría llamar la soberanía. Piensen, por ejemplo, en la historia occidental, en la cual pasamos de la physis griega, los dioses de la naturaleza, el politeísmo griego, a todas las variedades del monoteísmo; pasamos a una forma de la teología política con la monarquía absoluta, luego pasamos a nuevas apariciones del soberano: el pueblo; así, por ejemplo Rousseau, en el contrato social, llama al pueblo el soberano, y esa es una nueva forma de relación con un tercero. También conocimos formas de religión del arte, de religión política, por ejemplo Marx era alumno de Hegel, y en esta teleología de la Historia no es la realización del espíritu absoluto lo que estaba en el orden del día para Marx, sino el advenimiento de una sociedad sin clases, lo cual en el fondo está muy cercano al proyecto teleológico y lógico de Hegel. Por eso hablo del marxismo como de una teología política. Resulta que todo esto se desmoronó, entonces, efectivamente, por el momento no tenemos nada más que el mercado que no mantiene sus promesas, y tenemos el regreso de falsos dioses”.
¿Dioses falsos?
Dufour resume en cuatro renglones la historia de dos mil años. Pretende con dos categorías, formas de la divinidad y formas de la soberanía, presentarnos lo que ha sucedido durante todo ese dilatado tiempo. Y sus conclusiones no dejan de ser forzadas, caprichosas y simplonas: el marxismo fue una teología política que se desmoronó y su lugar fue ocupado por el mercado, llegando entonces los falsos dioses. Pero los dioses son seres imaginarios creados por el hombre. Y si son seres imaginarios, carecen de existencia sensible. Y de seres que carecen de existencia sensible sobra plantearse si son falsos o verdaderos.
Los fines inmediatos y los fines lejanos
Presentar a Marx como un intelectual que elaboró un proyecto político para el advenimiento de una sociedad sin clases es una tergiversación. La tarea central de Marx, lo que constituye el noventa por ciento de su pensamiento, fue el análisis del modo de producción capitalista. Y en función de esta tarea, que es un fin inmediato, del nivel y logros alcanzados, debe ser evaluado el pensamiento de Marx. Cosa distinta es preguntarse si la toma del poder por parte de la clase trabajadora supone una nueva sociedad de explotación del hombre por el hombre. Y no es así: el proletariado desparecerá como tal proletariado cuando desaparezca la burguesía. Y esto es un fin lejano. Puesto que la experiencia nos enseña que a la burguesía le queda todavía muchos años de existencia, tal vez siglos, antes de desaparecer de la historia. Y cuando la burguesía desaparezca, desaparecerá el proletariado. Pero esta perspectiva, esta visión del futuro, no tiene nada de teológica. Puesto que si miramos hacia atrás vemos que la clase dominada desaparece cuando desaparece la clase dominante: los esclavos desaparecieron cuando desaparecieron los esclavistas, y los siervos desaparecieron cuando desaparecieron los señores feudales. Así que la forma de pensar de Dufour me parece caprichosa, arbitraria y con poco sentido práctico.
El sujeto y la destitución subjetiva
Después de afirmar que hay muchas señales de la resistencia del sujeto a su destitución subjetiva a manos del mercado y ser preguntado por los entrevistadores sobre cuáles serían esas señales, Dufour responde lo siguiente: “Son múltiples, no son sólo políticas. Por ejemplo, están en el sujeto que quiere seguir actualizando lo que sucede en él con su deseo, están en el sujeto que no cree que los objetos manufacturados del mercado vayan a cumplirle realmente lo que él quiere, contrariamente a lo que dice el mercado. El mercado dice: “Quiera usted lo que sea, nosotros se lo vamos a dar”. Sabemos que esto deja completamente insatisfecho y que hay que elaborar algo para saber qué es lo que quiere uno de uno mismo, de los demás y cómo deseamos estar juntos. Entonces, por doquier encontramos resistencia: en donde todavía alguien se plantea esas preguntas, escribiendo un poema, elaborando una práctica que no responde simplemente al funcionamiento del mercado, cuando se entrega a una práctica artística, cuando se entrega a un psicoanálisis, al participar en movimientos colectivos de resistencia contra este orden de las cosas; todas estas son formas de resistencia del sujeto frente a su destitución subjetiva”. Este énfasis en el sujeto concebido de modo abstracto es expresión de una concepción burguesa e idealista del mundo. ¿Y por qué? Porque falta en esa concepción la visión colectiva y material del mundo.
El mercado como persona
No dejan de asombrarme estas formas de hablar. Supuestamente el mercado, convertido en una persona, a juicio de Dufour, nos dice: “quiera usted lo que sea, nosotros se lo vamos a dar”. Así no actúa el mercado. No basta con querer una cosa, es necesario tener el dinero suficiente para pagarla. Si no, el mercado no te lo da. Y sólo los que tienen mucho dinero, piden cosas al mercado irracionales, como, por ejemplo, los objetos de lujo, los excesos y los caprichos. Pero quien viva del salario base, sólo le pide al mercado lo que necesita. Así que lo que se espera del mercado depende del dinero que se tenga en los bolsillos.
El mercado y la producción
Frente a los abusos del mercado, frente a los excesos y los caprichos, frente al consumo desproporcionado e irracional, la mejor resistencia sería cambiar la producción. Y en dos sentidos: cambiar la propiedad, de privada cambiarla a pública, y cambiar lo que se produce, sustituir los artículos de lujos por artículos básicos y necesarios. Pensar que la clave de la sociedad moderna está en el mercado en vez de en la producción, es pensar como los economistas convencionales, como los economistas vulgares, quienes prestan oídos sordos a estas sabias palabras de Marx: “Por eso abandonamos esta esfera ruidosa, situada en la superficie y visible para todos, junto con el poseedor del dinero y el de fuerza de trabajo, a fin de seguir a ambos en los lugares ocultos de la producción, en cuya puerta se halla escrito: No admittance except on business. Veremos aquí no sólo cómo produce el capital, sino cómo se produce él mismo. Y se nos revelará por fin el secreto de la plusvalía”.
Y pensar que escribir un poema, hacer una obra de arte y tener una sesión de psicoanálisis son formas de resistencia al mercado capitalista, es sencillamente que no se sabe lo fuerte que es el sistema capitalista ni se sabe donde se encuentra la mayor fuerza contra el sistema capitalista: en las grande masas trabajadoras. De todos modos para hacer una obra de arte hay que tener tiempo libre, preparación y conocimientos. Y esto último cuesta dinero. Como también cuesta dinero una sesión de psicoanálisis.
